El presente curso virtual parte de la certeza de que las personas con problemas de salud mental se enfrentan a diferentes retos en su relación con los sistemas de salud: se ha evidenciado un mayor tiempo de espera para obtener una consulta médica; barreras de acceso a la salud; la mayor probabilidad de problemas o errores en los diagnósticos; retrasos importantes, o no acceso a los tratamientos; y una dificultad mayor en los seguimientos de pacientes crónicos. Todo esto hace relevante y urgente el abordaje por parte de los profesionales de salud de los problemas asociados al estigma en sus contextos laborales.
El estigma se define como una situación que inhabilita al individuo para la plena aceptación social. Es decir, el estigma convierte a alguien en diferente con connotaciones negativas y produce descrédito asociado a un fallo o una desventaja. Existen distintos tipos de estigmas como los relacionados con la etnia, el sexo, la edad, la religión, etc. Pero, sin duda, uno de los más potentes y resistentes al cambio lo constituye el estigma asociado a los trastornos mentales y/o por uso de sustancias. Sus efectos se observan en todos los contextos sociales y culturales, pero se reviste de una especial importancia en los contextos de salud. Ámbitos en los que, idealmente, no debería existir ningún prejuicio o discriminación por razón de ninguna característica personal o social, y menos por las relacionadas con los propios trastornos de salud, como lo son los trastornos mentales y/o por uso de sustancias.
El suicidio constituye un grave problema de salud pública a nivel mundial, con más de 700.000 muertes cada año. En la Región de las Américas, las tasas han aumentado en las últimas décadas y se estima que cerca de 100.000 personas mueren por suicidio anualmente, además de millones de intentos. Cada caso genera profundas consecuencias para las familias, las comunidades y la sociedad.
La conducta suicida es un fenómeno complejo y multifactorial influido por diversos determinantes sociales, como la edad, las condiciones socioeconómicas, la educación, el empleo y la exclusión social. No obstante, el suicidio es prevenible mediante intervenciones oportunas basadas en evidencia y con el apoyo de la comunidad.
En la Región persisten importantes desafíos, entre ellos el acceso limitado a servicios de salud mental, la escasez de personal capacitado, el estigma asociado al suicidio y las debilidades en los sistemas de notificación y manejo de la conducta suicida.
Reconociendo esta situación, el Plan Estratégico 2026–2031 de la OPS incluye la tasa de mortalidad por suicidio como un indicador clave alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Asimismo, la Estrategia de la OPS para Mejorar la Salud Mental y la Prevención del Suicidio en las Américas incorpora una línea estratégica específica sobre suicidio. En este contexto, fortalecer las capacidades del personal de salud —incluidos profesionales no especialistas—es una prioridad para mejorar la prevención, detección temprana, manejo y derivación oportuna de la conducta suicida en la atención primaria de salud.
El objetivo general de este curso es proporcionar herramientas basadas en evidencia para identificar los trastornos mentales más prevalentes en niños, niñas y adolescentes en la región de las Américas, y establecer planes de intervención oportunos y adecuados en los servicios de atención primaria de salud. La detección e intervención tempranas pueden mejorar significativamente los resultados para el niño o adolescente, su familia y su comunidad. La Organización Panamericana de la Salud ha implementado este curso con el propósito de reducir la brecha entre la creciente necesidad de servicios de salud mental y la limitada disponibilidad de servicios especializados.
No todos los niños, niñas y adolescentes con problemas de salud mental requieren derivación a atención especializada. Muchas de estas condiciones pueden identificarse y manejarse efectivamente en atención primaria, particularmente mediante detección temprana antes de que se tornen severas. El curso proporciona criterios claros para determinar cuándo es necesaria la derivación a especialistas en salud mental.